17.6.13

La “Profecía Autocumplida” en el aula


La profecía autocumplida, también conocida como el Efecto Pigmalión es un término acuñado por R.K.Merton en su libro “Social Theory and Social Structure”, publicado en 1968. Consiste en el incremento de las posibilidades de ocurrencia de una situación cuando la persona se anticipa a ella. 

En el ámbito educativo, fueron Robert Rosenthal y Leonore Jacobson (1968) quienes demostraron que las expectativas sobre el rendimiento de los alumnos provocadas experimentalmente en el maestro repercutía en las calificaciones de los estudiantes. En su investigación, validada en múltiples oportunidades, se encontró que aquellos alumnos que el profesor suponía que lograrían los mejores resultados correspondían en su conducta a esa expectativa, a pesar de que tal previsión carecía de fundamento.


Robert Rosenthal y Leonore Jacobson realizaron pruebas de capacidades generales al alumnado, al inicio del año escolar. Luego,  informaron a los profesores que algunos de sus estudiantes iban a “madurar” de un momento a otro, logrando resultados extraordinarios. Los docentes no sabían que los investigadores habían elaborado las listas de alumnos con “resultados extraordinarios” empleando el azar, sin tomar en cuenta las calificaciones obtenidas en los test iniciales. De este modo, el único dato tomado en cuenta para predecir los resultados de los estudiantes eran las expectativas generadas en los maestros.

Al final del año escolar, se administró la misma prueba a todo el grupo de estudiantes. Se encontró que aquellos alumnos que habían sido calificados como “madurez repentina” y “resultados extraordinarios”, superaron en calificación a todos sus condiscípulos.

En el experimento, los profesores en general, calificaron al grupo de alumnos que les dijeron que tendrían buenos resultados como de “gran desempeño”, “con gran futuro por delante”, “interesantes”, “alegres” y “con mayor curiosidad intelectual”; muy por encima de aquellos que no habían recibido la designación de los investigadores.

Se demostró que, las expectativas del maestro, que son las inferencias que hace sobre el aprovechamiento actual y futuro de sus alumnos y sobre la conducta escolar en general, funcionan como profecías autocumplidas.

Este experimento, publicado en el libro “Pygmalion in the classroom: Teacher Expectation and Pupils Intellectual Development”, evidenció el poder de los mensajes que se les tramiten a los alumnos. Cuando un maestro transmite mensajes a un alumno este tiende a acomodarse a las expectativas del profesor. Así, los docentes pueden motivar positivamente (expectativas positivas) o propiciar el fracaso en sus alumnos (expectativas derrotistas).



El poder que tiene el profesor, en muchos casos, no es visualizado adecuadamente como un factor de rendimiento académico. Suponer que los resultados de un alumno están relacionados exclusivamente a sus capacidades y su esfuerzo personal es incorrecto. También influyen otros factores y, el docente, ocupa un espacio fundamental.


Los docentes tienen el poder de producir cambios (positivos o negativos) en los estudiantes con los mensajes que emiten y las expectativas que generan. No cabe duda  que un buen maestro estará consciente de este hecho y hará todo lo posible para utilizar su influencia de forma positiva estimulando, el mejor desarrollo de sus alumnos.

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